domingo, febrero 25, 2024

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El esfuerzo de las familias y la disminución de la pobreza en México

Recientemente, el CONEVAL dio a conocer la evolución de la pobreza laboral que abarca un largo periodo desde 2005 hasta 2022. Según sus estimaciones, la pobreza laboral disminuyó de 2020 a 2022 hasta alcanzar un nivel algo inferior al de 2018. Esta reducción, como reporta el mismo organismo, es resultado de la recuperación de los ingresos laborales de los hogares mexicanos.

¿Por qué se dan estos resultados? ¿Realmente disminuyó la pobreza? ¿Qué permite que algunos indicadores como éste de la pobreza laboral mejoren? ¿Esto significa que en México ha habido una política económica acertada? Vale la pena reflexionar un poco más sobre estos temas.

En general, no se puede soslayar el mejoramiento de algunas condiciones macroeconómicas del país, sobre todo después del descalabro que significó la pandemia en 2020 y que pudo tener un efecto de rebote que ayudó a una parte de la población que vive en la pobreza.

Pero este mejoramiento difícilmente se puede atribuir a una política económica proactiva del gobierno mexicano; más bien es resultado de las decisiones que se han tomado desde las empresas y los hogares.

Visto desde las familias mexicanas, la realidad puede ser algo distinta a los grandes indicadores macroeconómicos. ¿Qué decisiones se han tomado desde los hogares ante la pandemia, el actual crecimiento acelerado de la inflación y algunas condiciones críticas del mercado de trabajo? ¿Qué hacer ante la falta de recursos económicos en los hogares? La estrategia que parece ser la dominante ha sido enviar más miembros del hogar al mercado de trabajo para conseguir mayores ingresos.

Lo anterior lo podemos observar cuando el INEGI nos muestra cómo se ha incrementado la participación económica de las y los mexicanos, donde el porcentaje de personas mayores de 14 años que trabajan o están buscando trabajo aumentó de 56.6 a 60.2 por ciento entre 2020 y 2022.

De igual forma podemos observar cómo las tasas de desocupación en ese mismo periodo disminuyeron de 4.8 a 3.2 por ciento. El mismo INEGI reporta cómo ha aumentado la participación de la población ocupada en actividades por cuenta propia o empleadores, así como una tendencia decreciente de personas trabajadoras subordinadas. De hecho, son los micronegocios y los pequeños establecimientos quienes siguen ocupando a la mayor parte de las y los trabajadores, llegando al 55.0 por ciento de la ocupación total en 2022; cifra superior incluso a los niveles anteriores a la pandemia.

De manera relevante, se observa cómo la ocupación se ha incrementado sobre todo entre las y los más jóvenes; por ejemplo, la participación económica de las personas de 12 a 25 años aumentó de 34.3 a 37.2 por ciento en el mismo periodo, al mismo tiempo que la matriculación en educación secundaria y media superior disminuyó. De acuerdo con la SEP, la escolarización pasó de 84.2 a 83.3 por ciento en secundaria y de 62.2 a 59.9 por ciento en educación media superior.

Entonces, ¿en quienes recae la recuperación económica y, por lo tanto, la reducción de la pobreza? Sin ninguna duda, en las decisiones que han tomado las familias trabajadoras y emprendedoras al optar por enviar a un mayor número de sus integrantes al mercado de trabajo, incluso fuera de México (el incremento de las remesas da cuenta de ello); así como al abrir sus pequeños negocios y empresas familiares, generando la mayor parte de la ocupación de este país.

En conclusión, ¿la pobreza general podría disminuir? Sí, por lo menos a niveles previos a la pandemia. Pero esa disminución se deberá fundamentalmente al esfuerzo que las familias trabajadoras están haciendo e hicieron para enfrentar la crisis del COVID y la escalada de inflación que reduce de manera acelerada el poder adquisitivo de sus ingresos. Aunque, desafortunadamente, uno de los costos será que muchos jóvenes entraron al mercado de trabajo a edades más tempranas, sacrificando y poniendo en riesgo su educación.

De los efectos que lleguen a tener los programas sociales de transferencias monetarias en la pobreza, el CONEVAL dará cuenta de ellos el próximo agosto en su medición oficial de la pobreza multidimensional. Estas transferencias permitieron que aproximadamente 3 millones de personas no cayeran en pobreza tanto en 2018 como en 2020. Lo cierto es que las familias mexicanas, trabajadoras y emprendedoras, una vez más, como en otras crisis que hemos vivido en México, cargarán con una buena parte de la recuperación económica del país, algo que pocas veces se reconoce.

Enrique Eliseo Minor Campa
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Director de Departamento de Economía
Campus Estado de México

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