Por Julieta Del Rio
El INE parece tener una venda en los ojos, pero sí tiene lentes para ver lo que le cuestionamos los ciudadanos en redes sociales e ir por la persecución de quienes ejercen su libertad de expresión. Necesitamos que deje de actuar como si estuviera inclinado hacia un lado.
El 10 de septiembre de 2026 se inició formalmente el Proceso Electoral Federal 2026-2027, aunque las campañas todavía no comienzan.
Y fue el propio consejero electoral Arturo Castillo Loza quien denunció la resistencia de los partidos a respetar las reglas, el abuso de la normativa y la realización de eventos disfrazados de campañas.
Lo que no entienden o no “quieren entender” los coordinadores, o como les llamen en sus movimientos, es que arrancó la ruta institucional que implica instalar los consejos locales y distritales, organizar, capacitar, preparar la infraestructura electoral y garantizar las condiciones para una jornada que tendrá lugar el 6 de junio de 2027.
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¿Qué es lo que realmente les preocupa? ¿Perder la mayoría calificada y ya no poder modificar la Constitución a su antojo? Al contrario, podría venir un revés, seguramente en buena parte sobre aquello que desaparecieron.
Por ello, esta elección es relevante y no sólo por la renovación de las 500 diputaciones federales. También se celebrarán elecciones locales para miles de cargos, entre ellos 17 gubernaturas: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.
Que, por cierto, la transparencia y la legalidad son de lo que menos estamos viendo en su proceso de destapar a sus supuestos coordinadores, que realmente están disfrazando como precandidaturas. De esa manera, el INE parece tener una venda en los ojos, pero sí tiene lentes para ver lo que le cuestionamos los ciudadanos en redes sociales e ir por la persecución de quienes ejercen su libertad de expresión.
Las precampañas comenzarán oficialmente el 4 de enero de 2027 y las campañas, formalmente, el 4 de abril y concluirán el 2 de junio. Es decir, todavía falta tiempo para que los ciudadanos entren de lleno a la etapa de decisión, reflexionen, conozcan oficialmente a los candidatos y candidatas de la contienda y elijan a quienes consideren que pueden representar un verdadero progreso para cada entidad.
Aquí lo increíble es el engaño: las narrativas de triunfos, la violación de la ley descaradamente. Desde meses atrás vemos movimientos políticos, posicionamientos, encuestas, acuerdos y nombres que comienzan a festejar como si la elección ya estuviera resuelta.
Y hay algo muy interesante: existe un voto oculto que puede ser mucho más relevante de lo que hoy alcanzamos a medir.
No me refiero a un voto que carezca de preferencias. Me refiero a ciudadanos que no se sienten libres de expresar públicamente lo que piensan.
Son personas que prefieren guardar silencio porque dependen de un empleo, porque temen perderlo, porque tienen una relación laboral con algún gobierno o porque consideran que expresar una preferencia política distinta puede traerles represalias.En Michoacán, ocho municipios suspenden clases por Boris y 113 por inauguración del MundialLeer Más
Ese voto existe. Está ahí, pero permanece en silencio. Y ese voto puede resultar decisivo.
Y quizá ese sea uno de los grandes errores de quienes hoy creen que las encuestas a modo, los acuerdos políticos en la opacidad o las estructuras gubernamentales permiten anticipar el resultado.
Una cosa es lo que un ciudadano dice frente a los demás y otra, muy distinta, lo que hará cuando esté solo frente a una boleta.
Precisamente por eso, el papel del INE es fundamental. Necesitamos que deje de actuar como si estuviera inclinado hacia un lado.
Su responsabilidad no es únicamente organizar técnicamente una elección; también es garantizar que las reglas se respeten, que exista equidad en la competencia y que los ciudadanos tengan confianza en que su voto será respetado.
No puede ser indiferente ante la promoción anticipada ni permitir que la competencia se adelante mientras algunos actores construyen ventajas fuera de los tiempos establecidos.
Los señalamientos sobre posibles aviadores, compromisos o estructuras internas deben investigarse y, en su caso, corregirse. Una institución encargada de garantizar elecciones democráticas debe ser particularmente escrupulosa y transparente y no dedicarse a perseguir a ciudadanas y ciudadanos que observan sus actuaciones.
La verdadera evaluación será el 6 de junio. Nada está escrito. Vigilemos el uso de recursos públicos. También debemos recordar que los programas sociales son derechos reconocidos constitucionalmente y que no son dádivas de una persona o de un gobierno, porque presentarlos como favores personales puede convertirse en un arma poderosa para el engaño.
Existen personas que llevan toda una vida trabajando en los gobiernos de estas 17 entidades federativas. Profesionales preparados, capaces y ajenos a la política partidista que no deberían convertirse en moneda de cambio. El empleo público no puede utilizarse para condicionar preferencias políticas. El ciudadano no puede tener que elegir entre su trabajo y su libertad para votar.
Por eso, el verdadero reto democrático no está solamente en saber quién será candidata o candidato a cualquier puesto de esta elección. Está en garantizar que cada ciudadano pueda llegar a la urna sin miedo, con la libertad de elegir y con la certeza de que su decisión será respetada. Porque hoy no conocemos realmente la dimensión de ese voto oculto, pero lo percibimos y lo conoceremos el domingo 6 de junio de 2027.
Ese día se sabrá quién logró convencer al ciudadano y quién solamente creyó tenerlo de su lado. También se evaluará si el árbitro electoral fue imparcial.
Porque el voto que hoy no se ve puede ser, precisamente, el voto que decida la elección.



