En medio de la incertidumbre y la tragedia tras el terremoto de magnitud 7.4 que azotó el suroccidente colombiano con cerca de 300 fallecidos, el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, camufló dos decisiones polémicas que afectan la soberanía nacional.
La primera: autorizó que tropas de los Estados Unidos realizaran maniobras contra el narcoterrorismo en territorio colombiano.
En un acto de entrega de su propia soberanía, la decisión no fue anunciada por De la Espriella ni por su ministro de Defensa, que se encontraba en la cumbre, sino por el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Heseght, en el marco de la reunión del Escudo de las Américas en Panamá, los días 11 y 12 de agosto
Camuflado en el desastre que provocó el terremoto y en las expresiones de solidaridad de todo el pueblo colombiano que se volcó para apoyar a los cientos de miles de damnificados, De la Espriella, no le ha dado una explicación detallada al país sobre qué supone el plan de operaciones militares conjuntas pactado con el gobierno del presidente, Donald Trump.
La segunda: permitió que soldados de la Fuerza de Defensa de Israel (FDI), ejército señalado por la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU de cometer genocidio contra el pueblo palestino en la franja de Gaza, se presentaran como “misión humanitaria” con funciones de rescatistas en medio del devastador terremoto.
Las dos decisiones, según congresistas del Pacto Histórico, de izquierda, violan flagrantemente la Constitución Política que establece que el Congreso es el único poder del Estado facultado para autorizar presencia de tropas extranjeras en territorio nacional.



