Pasó lo que sabíamos que iba a pasar

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Desde su origen padeció de un problema, debido a que la propuesta era del Presidente y de su partido. No se trataba de un grupo de ciudadanos que pusieran en entredicho el mandato presidencial, el ejercicio como se desarrolló pareció un intento de ratificar la popularidad del Presidente, al tiempo de colocar al mandatario bajo los reflectores para lo cual no había necesidad de consulta alguna.

Los altos niveles de aceptación de López Obrador adelantaban un resultado previsible y hasta cierto punto parecía ociosa la consulta. El proceso estuvo cargado de confrontaciones con el INE y con líos de toda índole, los cuales pasaron por los terrenos de la Corte por el tema de la pregunta, a tal grado que quedó la impresión que las y los ministros se sacaron de la manga otra pregunta con tal de resolver el problema.

El Presidente señaló una y otra vez al instituto a sabiendas de que en el Congreso se había limitado la posibilidad de una cobertura mayor al quitarle al INE parte del presupuesto. Poco les importa la decisión y se la pasaron exigiéndole al instituto que lo hiciera como si fuera una elección presidencial.

A pesar de ello el instituto no falló. Se instalaron las casillas, se instruyó a la gente que participó voluntariamente en el proceso, se entregaron los resultados en tiempo y forma, se llevó a cabo un trabajo minucioso de investigación sobre el desarrollo del proceso, el cual no gustó a algunos funcionarios y a Morena. Con todas las limitaciones, la consulta se desarrolló en un marco de libertades y de respeto.

En algún sentido la crítica sistemática contra el INE por la forma en que se estaba desarrollando la revocación de mandato pasaba por los intentos que hay de cambiar al instituto a través de una reforma que sigue sin quedar claro de qué se trata.

Las críticas a la consulta eran las críticas al INE en que se buscaba desacreditarlo, todo ello en medio de un largo historial de confrontación entre el Presidente y el INE.

No se soslaya que una parte del ejercicio democrático crea un antecedente a futuro. Si bien lo que pasó el 10 de abril no terminó por cumplir con los objetivos que tenían el Presidente y su partido, hacerlo vinculante; lo que es cierto es que en cualquier momento una consulta de esta naturaleza puede colocar a los ciudadanos, eje de la solicitud de una consulta, en posibilidad de llevar a cabo un ejercicio de esta naturaleza a quien esté gobernando.

Sin embargo, en esta ocasión el Presidente y su partido no lograron su objetivo, porque en el fondo no tenía sentido la consulta. Todo lo que la rodeaba la hacía tan previsible que terminó por no serle útil al Presidente, porque no le ofreció ningún tipo de indicador que no conociera.

La declaración de no validez de la consulta por parte del TEPJF ayer es el resultado de lo que pasó. Si el Presidente quería tener un ensayo o algo parecido poco le sirvió la consulta, más bien fue un gasto oneroso que como anda el país y con los altos gastos que se están teniendo, a lo que se suman las obras emblemáticas del sexenio, bien se pudieron haber utilizado para otras cosas, lo cual no quita las preguntas y dudas sobre los planes del gobierno.

La consulta no fue vinculante, pero no todo termina ahí. Se presentaron muchas irregularidades que pasan por violaciones a la ley, las cuales tienen que ser consignadas. El tribunal tendrá que reportarlas porque se tiene que limpiar al máximo la consulta en defensa del Estado de derecho.

Pasó lo que sabíamos todos que iba a pasar.

RESQUICIOS

Esta mañana por fin comparecerá la titular de la SEP. Quizá no la pase tan mal, porque el acto será a puerta cerrada y todo lo que sepamos de lo que pasó será a través de versiones consensuadas o interesadas. Cómo están los temas educativos no tiene sentido esconder la comparecencia.


Javier Solórzano

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