Y no me callo

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Todo asesinato es una tragedia, pero cuando se mata a periodistas, el debate público pierde una voz que puede proporcionar una contribución importante a la democracia. Es esencial que los gobiernos hagan todo lo posible para garantizar condiciones seguras para que los periodistas lleven a cabo su trabajo.   Irina Bokova

No soy periodista, pero guardo gran respeto por esa profesión. El verdadero oficio exige a sus profesionales que se formen no en las aulas, sino en las calles, que exploren diversos acontecimientos humanos donde ellos son testigo y voz, de algún modo, su carácter de relatores tiene por condición no permanecer en el centro del relato sino encontrar el mejor modo de transmitirlo haciendo justicia a los verdaderos actores del suceso. Como todo sujeto no exime que en ellos existan intereses, sesgos, mayor o menor talento en el oficio, mayor o menor capacidad crítica, mayor o menor sentido ético.

Como en toda disciplina humana existe un ideal del ejercicio que se destiñe con la mala práctica, lo mismo que sucede con roles que no siempre son profesionales, podría ser el mismo caso con el ejercicio de padre, madre o hijo. A partir de este gobierno y la pandemia, no sólo hemos retrocedido en economía, salud, seguridad y educación, la violencia civil, el encono y la división se han radicalizado. De tiempo atrás la profesión de policía o político se desvirtúan por los abusos de poder y los excesos de corrupción. Se ataca el uniforme y se hace mofa de la investidura, es más entre chiste y chiste, los niños crecen viendo, gracias a la popularidad de series, corridos y películas, al narcotraficante como modelo aspiracional y es que parece que las divisiones se atenúan y en nombre del poder y el dinero lo de menos es en qué bando se juegue mientras contribuyan a la causa o al proyecto.

Periodistas protestaron durante la conferencia del Presidente Andrés Manuel López Obrador en Tijuana en donde pasaron lista de los periodistas asesinados en lo que va del 2022. FOTO: OMAR MARÍNEZ/CUARTOSCURO.COM

Hoy toca manchar la profesión periodística, agredir a todo aquel que ostenta un micrófono o una cámara, esto ha costado ya demasiadas muertes. Es deseable para un gobierno populista y burdo convertir a quienes se atreven a cuestionar en el enemigo público número uno mientras el ojo se hace guaje ante la delincuencia. En un maniqueísmo primitivo, sólo queda el sálvese quien pueda y muchas plumas y voces se rinden al dictador sumándose al mal nacional de la corrupción que tanto ha jalado este gobierno como bandera solo para tapar con ello sus propios abusos.

Hay periodistas malos y gobernantes perores, hay buenos padres que no encubren a sus hijos, hay hijos trabajadores y hay ninis con o sin dinero. Pero hasta hoy no hay sociedad sana sin instituciones, no hay democracia libre con una prensa silenciada. Ni ciudadanos impolutos que transigen con la injusticia y el abuso. Al margen de preferencias ideológicas es imperioso no callar ante la muerte de nuestra propia voz que es la de la prensa, no claudicar a la exigencia de la rendición de cuentas, no cejar hasta conseguir el gobierno y la oposición que merecemos.

El presidente nos debe explicaciones ya en demasiados rubros. La prensa no es buena o mala, los presidentes, los padres o los hijos son generalizaciones que portan de manera individual algunos malos padres, algunos malos gobernantes, algunos periodistas serviles. ¿Tú cómo portas tu camisa de ciudadano? ¿Seguirás callando ante tanta violencia, ante tanta muerte injustificada?

Regina Freyman

regina.freyman@itesm.mx

Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

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