En 1942, en medio de la guerra, William Beveridge entregó al gobierno británico un informe que terminaría transformando la manera de pensar la protección social. El problema que señalaba era sencillo y profundo. Una parte de la población quedaba fuera de la protección existente. Su propuesta buscaba superar esa fragmentación mediante un sistema de protección social de alcance universal.
Más de ocho décadas después, México enfrenta su propio desafío de universalidad. La presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado la construcción de un Servicio Universal de Salud (SUS) para que, progresivamente, cualquier persona pueda recibir atención en las instituciones públicas, independientemente de su afiliación. El desafío ahora es convertir esa definición política en una arquitectura sanitaria concreta.
México construyó durante décadas instituciones públicas de enorme importancia, pero sobre una arquitectura fragmentada. Una misma necesidad de salud podía encontrar respuestas distintas según la puerta a la que se tocara.
Por eso universalizar no significa solamente ampliar la cobertura. Significa lograr que una persona pueda entrar por cualquier puerta y que, una vez dentro, el sistema se responsabilice de su trayectoria.
Los consultorios del Servicio Universal de Salud son una de las primeras expresiones concretas de esa transformación. No se trata solamente de abrir nuevos consultorios. Se trata de construir una puerta común de entrada al sistema público de salud.
Cero rechazos
El principio de partida es sencillo. Toda persona que llegue a un consultorio SUS será recibida y valorada. Dependiendo de su necesidad, podrá recibir atención ahí mismo, iniciar estudios y seguimiento o ser referida a otro establecimiento.
“Cero rechazos” no significa que todo deba resolverse en un consultorio. Significa que nadie debe salir con la responsabilidad de encontrar por su cuenta el siguiente lugar donde atenderse. Durante muchos años organizamos los servicios alrededor de los establecimientos y las instituciones. El SUS busca invertir esa lógica y organizar el sistema alrededor de las personas.
Un piso común, no un techo
Los consultorios SUS tendrán una cartera homologada que incluye algunos de los problemas de salud más frecuentes, como infecciones respiratorias y gastrointestinales, diabetes, hipertensión y atención del embarazo.
Cada uno estará vinculado a una línea explícita de atención que defina qué debe resolverse en el consultorio, cuándo referir y cómo garantizar la continuidad del cuidado. La regla es “un piso común, no un techo”. Una unidad que hoy tiene mayor capacidad continuará ofreciéndola. La cartera SUS establece aquello que cualquier persona debe encontrar como mínimo, no aquello que una institución puede ofrecer como máximo.
Universalizar no es hacer menos para todos, sino garantizar que nadie reciba menos de lo indispensable.
El consultorio es la puerta; la red resuelve
Un consultorio aislado nunca podrá constituir un sistema de salud. Los consultorios SUS podrán estar en unidades existentes, casas de salud o nuevos espacios, pero todos formarán parte de una red de atención. La regla es concreta. Lo que no se ofrece en el sitio, lo garantiza la red. Si una persona necesita un estudio, atención hospitalaria o seguimiento que el consultorio no puede proporcionar, será responsabilidad del sistema organizarlo y asegurar la continuidad de su atención. La referencia deja entonces de ser una hoja de papel que se entrega al paciente para convertirse en una responsabilidad del sistema. Esa es una de las diferencias más importantes entre tener muchos establecimientos y tener una red.
Buena parte de nuestros servicios todavía funcionan alrededor del episodio. Una consulta, una receta, un estudio, una hospitalización. Una persona con hipertensión puede recibir tratamiento y desaparecer del radar durante un año. Hubo atención. Lo que faltó fue continuidad del cuidado.
El SUS busca pasar del episodio a la trayectoria
Para ello necesitamos líneas de cuidado y una historia clínica que acompañe a la persona entre consultorios, hospitales e instituciones. La digitalización deja así de servir únicamente para registrar lo que hicimos y comienza a ayudarnos a decidir lo que debemos hacer.
Pero la atención primaria tampoco puede limitarse a esperar detrás de un escritorio. Los consultorios SUS deberán articularse con Salud Casa por Casa para identificar controles pendientes, interrupciones de tratamiento y situaciones de vulnerabilidad. Son dos movimientos complementarios. El consultorio recibe; el territorio busca. Eso significa pasar de contar consultas a hacernos responsables de una población. México no necesita copiar ningún modelo extranjero ni borrar las instituciones públicas que construyó durante generaciones. Necesita conseguir que sus capacidades funcionen cada vez más como partes de un mismo sistema.
Los consultorios SUS son una pieza concreta de ese proceso. La universalidad no ocurrirá simplemente porque existan más consultorios. Ocurrirá cuando cualquier persona pueda entrar por una puerta cercana, encuentre una garantía común de atención y medicamentos y, cuando necesite algo que ese lugar no pueda resolver, sea el sistema –y no el paciente – el que encuentre la siguiente puerta.
Un consultorio puede resolver una consulta. Una red puede garantizar la continuidad de la atención. Pero sólo un sistema que conoce a su población y asume responsabilidad sobre ella puede aspirar verdaderamente a proteger la salud de todos.
El consultorio es la puerta. La red es la garantía. El territorio es donde se construye la salud.
Ese es el tránsito que hoy comienza a recorrer México. De administrar establecimientos a organizar protección.
*Director general del IMSS-Bienestar


