La desigualdad social

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La consolidación de la 4T sólo se alcanzará si se transforma la actual desigualdad social. Por más política que se haga, por más ataques que se lancen a la oposición o a los “adversarios”, si la actual administración no logra revertir este brutal problema podríamos tener a futuro un régimen que se esté consolidando a partir del discurso, ante la ausencia real de una oposición.

Si los más de 50 millones de pobres que existen en el país no viven de manera diferente, el gobierno no sólo queda a deber, sino que además está en el riesgo de perder la gran legitimidad social que le es tan importante, y en el camino perderá un gran intangible, la esperanza.

Hasta ahora el problema no se ha logrado atemperar. Hay indicios de algunas cosas que pudieran al tiempo ser favorables, pero por ahora la pobreza se ha intensificado, se ha concentrado aún más el capital y estamos en niveles económicos desiguales tirando a malos.

Otro elemento de relevancia es el hecho de que no se han creado condiciones de cohesión social, las cuales independientemente de nuestras marcadas diferencias le pueden permitir a la sociedad vivir bajo escenarios favorables para su convivencia.

Es cierto que el problema colectivo que más nos afecta es la inseguridad; sin embargo, estamos en medio de un todo en donde la desigualdad social es un factor central que mucho tiene que ver con ello.

Las diferencias socioeconómicas es uno de los grandes diques que no permiten alcanzar condiciones para el crecimiento de la economía.

El Presidente ha colocado como su prioridad “primero los pobres”. Es claro que es fundamental para él y para todo el país. Si no se logra revertir la pobreza seguiremos construyendo enconos sociales, que tarde que temprano terminarán por manifestarse de diversas maneras, algunas de ellas pueden pasar por confrontaciones sociales de consecuencias incontrolables; las inconformidades en las sociedades de mayor riesgo son las que terminan en las calles.

Algunos de los programas de política pública están lejos de constituir nuevas bases en el desarrollo social. Es definitivo que se requiere de tiempo para que los programas de gobierno puedan influir y consolidarse, la cuestión está en si lo que se está haciendo es lo que puede hacer que se revierta el estado de las cosas.

Visto en perspectiva, las renuncias de los dos titulares de Hacienda adquieren particular relevancia. En el fondo sus propuestas eran alternativas a las del Presidente. Con matices querían dirigir la economía hacia otros derroteros para que se fortaleciera la inversión extranjera, se crearan niveles de confianza y se pudiera acceder a las zonas más desprotegidas del país de la mano de estas estrategias, entre otras.

La entrega de dinero como parte de las políticas públicas no necesariamente da los resultados que se proponen. Una de las razones radica en que no se sabe con certeza si el dinero está siendo gastado en lo que el gobierno se está proponiendo.

Millones de familias viven bajo condiciones de total adversidad. Tener dinero en muchas ocasiones les sirve para pagar lo inmediato, lo que pudiera no incluir salud y educación.

Algo similar sucede con las becas para los jóvenes. Sin duda es importante que el gobierno confíe en ellos, pero los problemas empiezan a partir del uso que le pueden dar a la beca, el cual ni termine en lo que originalmente se pretende.

Un gran reto pasa por al menos atemperar la inseguridad, pero para que el proyecto del Presidente se pueda realmente consolidar debe atacar y transformar lo que sigue siendo el gran pendiente de todas y todos, la desigualdad social.

RESQUICIOS

No fue oportuna la creación en Diputados el Grupo de Amistad México-Rusia. Si bien Putin no es todo Rusia y este país no se merece una especie de “rusofobia”, la invasión a Ucrania es un acto que ha merecido una crítica severa, incluyendo a la ONU, a nivel mundial. Rusia es más que Putin, pero Putin hoy es la cara de Rusia.

Javier Solórzano

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