lunes, junio 24, 2024

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𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐯𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐯𝐨𝐭𝐨 𝐞𝐬 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐌𝐞́𝐱𝐢𝐜𝐨 (𝐞𝐱𝐜𝐞𝐩𝐭𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐨𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧)

El llamado a defender el voto, la demanda de recuento y los gestos para acompañarlos son actos legítimos y entendibles de la oposición que deben ser respetados.

Porque es su derecho, en primer lugar, y porque en la práctica, es la forma de canalizar el enorme descontento y frustración que persiste en su sector político por la derrota y su amplitud.

De otra manera, una parte de él se desplazaría hacia formas extraconstitucionales y tal vez violentas, que podrían entorpecer y manchar la transmisión del mando presidencial.

Los líderes de la oposición engañaron a sus simpatizantes. Con declaraciones y encuestas falsas, crearon en ellos la ilusión de que la victoria estaba a su alcance. En la noche de su desastre, a pesar de la histórica contundencia de los números en su contra, insistieron en que iban a ganar.

Ahora tienen que encontrar maneras de procesar el naufragio, buscando: que los líderes puedan evadir la responsabilidad; que el apoyo de sus huestes se desinfle lo menos posible; y ya que están embarcados en hacer su lista de deseos, en crear un leit motiv, una narrativa victimizante que pueda convertirse en sustento de un movimiento de resistencia de largo plazo que los mantenga unidos y les dé sustento a próximas campañas electorales.

Esto último, a falta de programas y propuestas compartidas, es lo que quisieron hacer con la «defensa del INE», aunque ahora estén atacando al mismo INE.

Porque no tienen nada más que ofrecer. En la realidad, son una mezcla de intereses personales y grupales que no tienen más en común que el odio a quien tiene el poder porque no son ellos, y que carece de cualquier otro recurso para atraerse apoyo que explotar ese mismo odio que existe en ciertas capas de la sociedad.

A falta de ideas, de referentes y tácticas de lucha, de versos y consignas, de toda mística… usurpan los de las izquierdas. Lo único que conocen es lo que se ha coreado en las calles contra ellos.

Y así como son incapaces de plantear proyectos para México, lo son para crear algo propio. Entonces nos saquean las voces, los cantos y hasta los sueños.

Todo esto es también resultado de que no tienen creadores, ideólogos ni estrategas visibles. Lo único que les queda es una élite podrida de intelectuales que fueron inflados por el poder de 1988 a 2018, y que solo conservan los desgastados espacios retóricos que les dan los medios nacionales y extranjeros, y que se les van haciendo más chiquitos (tanto los intelectuales como los espacios).

Es por eso que durante los seis años de este sexenio, nunca pudieron hacer un análisis de su derrota que produjeran evaluaciones críticas con reemplazos de figuras públicas y replanteamientos de su oferta política.

Y no les quedó otra opción que mantenerse en una ruta estratégica destinada a fracasar: confrontarse abierta y totalmente con la personalidad más popular del México del siglo XXI, AMLO.

En ese él o nosotros, o lo destruían o eran hundidos. Ahora están en el fondo.

Su nueva historia del fraude muestra que no consiguen salir de ahí. Es insostenible, el INE que defendieron y les dio un argumento lo muestra con solidez inatacable.

El recuento de votos se va a realizar, debe hacerse bien para despejar toda duda. Así pasó en 2018 con el 75% de las casillas, y los resultados no variaron. Lo mismo va a ocurrir ahora, pero la satisfacción de las impugnaciones va a fortalecer la legitimidad del proceso electoral en general y de quienes asuman cargos y escaños.

A menos que se reinventen, y no se ven signos de eso por ahora, ellos seguirán gritando fraude, aferrándose a una estrategia ya varias veces perdedora.

Es su derecho al pataleo. Solo que las patadas se las dan ellos mismos.

Témoris Grecko

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