“Cabeza de Vaca, socio incómodo de la oposición de cara al 2024”

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Hay que ir con los ciudadanos, los accionistas de esta gran empresa que es México, al territorio, a los estados y escuchar lo que quieren. En Tamaulipas no quieren al PAN

Don Simeón Ojeda era una especie entre Roy Logan, el personaje de la serie Sucession que se transmite por HBO, y Andrés Manuel López Obrador. No sé si era la edad, o el dinero que llegó acumular a lo largo de 82 años de larga y fructífera vida, pero lo cierto es que desde que llegó a la madurez de su patrimonio inmobiliario y financiero, decidió ponerse por encima del común de los mortales respecto a las cosas y a las personas, sobre todo aquellas que no eran de su interés, o de su familia.

Como el personaje que estelariza de forma magistral el actor escocés Brian Cox, el tío Sim se ganaba la admiración o la repulsa a los diez segundos de entrar a un lugar o a una reunión, siempre vestido impecablemente con sus pantalones y camisa de lino, zapatos del mismo color sin calcetines, y su infaltable sombrero panamá. Su rostro como de Greench parecía tener tatuado aquella frase de “el respeto se gana…el vete al carajo, también”.

Igual que Roy Logan, el dueño del imperio de comunicación de la serie, este ganadero y terrateniente que incursionó con éxito en bancos y en hoteles, mantuvo relaciones con candidatos, alcaldes y gobernadores, quienes lo visitaban en su rancho para consultarle un programa de gobierno, anunciarle que construirían una carretera o pedirle permiso para autorizar una cooperativa de trabajadores, pero sobre todo para solicitarle el favor del padrinazgo, que era garantía de éxito político en una amplia región de Tabasco, que va de la frontera con Guatemala hasta la desembocadura del río Usumacinta.

El tío Sim nunca cayó en la tentación de la política, pero su único hijo, Ramoncito, como Connor Roy en la serie de HBO, sintió un día la necesidad de incursionar en ella. Ramoncito fue diputado local y nada más. La gente en la calle decía que ya bastante viejo y un poco sordo, Sim lo había hecho candidato por confusión: el joven millonario en realidad quería que le comprara una cámara fotográfica y el viejo, que se desvivía queriendo encontrarle al menos una virtud a su heredero, le había comprado la Cámara de Diputados. Como Roy con sus herederos, decepcionado por sus actitudes de “junior-legislador” no en pocas ocasiones lo trató de pendejo en público, pero sin generar el asombro de nadie.

Poderosos y politicamente incorrectos

Me acordé del viejo Simeón al ver la serie y al escuchar al presidente López Obrador. Ambos, como Roy Logan, son, cada cual en su tiempo y en la ficción o en la vida real, ese tipo de personas que, instalados muy por encima de cualquiera de nosotros (en el poder político, en el poder económico o en las encuestas) asumen que no necesitan ser políticamente correctos o tener que congraciarse con nadie. Que están más allá del bien y del mal.

En el caso de AMLO, creo que no se da cuenta que la política de seguridad o de contención a la delincuencia no está dando resultados. La da por exitosa a partir de las cifras que le presentan sus colaboradores de confianza (de lealtad más bien) y como asume que “está cumpliendo” al garantizar la paz y al atender a las víctimas, va a lo que falta: decir que su gobierno se preocupa por los criminales, porque también son personas y tienen derechos humanos.

Si la primera condición (una política exitosa) fuera real y no solo un informe a modo en las manos presidenciales, las palabras del mandatario adquirirían sin duda otra connotación. El problema es que, como Logan Roy, el presidente está rodeado de una jauría de traidores y sobre todo de ineptos, pequeños enanos incapaces de contradecirlo, avasallados –como están la oposición y la prensa— por la imagen pública de un personaje poderoso que lo mismo reta al presidente de Estados Unidos, que quiere despedir a los actuales consejeros del INE sin más argumentos que los de sus propios cálculos geopolíticos y electorales.

Es cierto, la oposición tendría, frente a los desplantes y la lógica del mandatario, la mejor de las oportunidades. Pero eso no está ocurriendo, primero, porque el dueño del tablero del debate nacional es el presidente; él pone ritmos y temas de una forma tan frenética y cambiante que la opinión pública y los partidos no tienen tiempo siquiera de empezar a razonar el asunto de hoy cuando ya desde Palacio Nacional están hablando de otras cuestiones que también son polémicas, o de interés general.

La ceguera de la oposición

El segundo motivo del fracaso opositor ante el presidente es que, con la excepción sola de Movimiento Ciudadano, PAN, PRI y PRD se han dedicado a creer que el debate nacional “alcanza” para desacreditar en las regiones al partido político de López Obrador y que esa es la clave para ganarle las seis gubernaturas en disputa este año. Craso error. Las encuestas que pierden cuatro. La lógica nacional, para fraseando a López Gatell, es importante y sirve para lo que sirve, pero no sirve para lo que no sirve.

La gente en Tamaulipas, por ejemplo, lo dicen las encuestas, se decepcionó con la alternancia panista. Pero ¿qué hizo la oposición ante el reto de volverse a presentar como opción de gobierno ante gente que lo califica mal? Como López Obrador, se desentendió de la realidad, cerró los ojos y dejó que el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, pusiera de candidato a su compadre, que hace campaña ofreciendo una extensión del gobierno de aquél, que está ampliamente reprobado. ¿Acaso no piensan en el lastre que significa este socio incómodo rumbo al 2024?

 

Mayra Jazbeth Martínez Pérez

Mas información en sdpnoticias

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