Hospitales psiquiátricos

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No es que el loco haya perdido la razón,

sino que lo ha perdido todo menos la razón.

G. K. Chesterton

¿Cerrar los hospitales psiquiátricos? Sin duda, en esos hospitales hay internos que no deberían estar allí, que nunca debieron ser internados y cuya salud mental no sólo no ha mejorado sino ha empeorado durante la reclusión. Muchos han sido recluidos sin su consentimiento y no hay fecha prevista para su salida: probablemente se les internó con el propósito de que ya no salieran en el resto de sus días.

Por otra parte, en esas instituciones se han cometido, en México y en muchos otros países, violaciones a los derechos humanos de los pacientes, prácticamente indefensos porque nadie aboga por ellos. Se les ha sometido a aislamiento prolongado, inmersiones en agua helada, inmovilización con correas, trepanaciones, lobotomías, incluso exorcismos.

¿Pero esas son razones suficientes para cerrar todos los hospitales psiquiátricos? Dice el secretario de Salud que los pacientes estarán mejor con sus familias. Depende. El doctor Alcocer debe saber que hay de familias a familias. Algunas acogerían en el hogar con cariño al hijo, al hermano, a la madre o al padre con alguna alteración en su salud mental, aunque, desde luego, el paciente requerirá atención psicológica o psiquiátrica. Pero otras familias han internado a uno de sus integrantes alterado precisamente porque no lo quieren en casa. Las hay que internan a uno de sus miembros en un hospital psiquiátrico y se desentienden de él para siempre: jamás lo visitan ni quieren volver a saber del interno.

Como advierte la doctora María Elena Medina Mora, experta en salud mental y directora de la Facultad de Psicología de la UNAM: “Muchos países cerraron los hospitales psiquiátricos y empezamos a ver a los enfermos durmiendo en las salidas del metro, en un estado de abandono muy grave, y también se incrementó el número de enfermos en las cárceles” (entrevista de Natalia Vitela, Reforma, 29 de mayo). Muchos enfermos, sin hogar a donde ir y sin la menor capacidad de protegerse a sí mismos, han sido atropellados al atravesar la calle o víctimas de diversos abusos. Otros han agredido a desconocidos sin motivo aparente.

El objetivo de que los pacientes puedan vivir en comunidad, no encerrados en hospitales, es plausible, pero sólo un profundo estudio de trabajo social puede indicar si tienen familias dispuestas a recibirlos amorosamente —Rosa Montero dice que un trastorno mental es, sobre todo, la sensación de absoluta soledad (entrevista con Jesús Alejo Santiago, Milenio, 31 de mayo)— y aun si las tienen es preciso que los familiares sean capacitados para dar un trato adecuado a los enfermos, que se les dé apoyo y tengan acceso a los medicamentos que requiere el tratamiento, que, por supuesto, debe quedar a cargo de un especialista.

Muchos pacientes no requieren hospitalización, pues su padecimiento es una disfunción o un deterioro avanzado que puede tratarse adecuadamente en hogares especiales. En nuestro país, siete de cada diez pacientes con problemas de salud mental no reciben tratamiento o lo reciben muy tardíamente. Algunos necesitan tratamiento continuo de por vida, como los esquizofrénicos. El costo de los medicamentos los hace inaccesibles para muchas familias. Si no se les proporciona gratuitamente, el paciente quedará a expensas de su alteración.

En ciertos casos —trastornos psicóticos graves, agitación extrema permanente, delirios que ponen en riesgo a otros o al mismo paciente, conductas violentas que la ley define como delitos, ideaciones suicidas, por ejemplo— la hospitalización será ineludible, pero debe darse con respeto a la dignidad y los derechos humanos del hospitalizado y de sus familiares, y durar el menor tiempo posible.

La Ley General de Salud no ordena la desaparición de los hospitales psiquiátricos, sino de que éstos han de contar con las condiciones adecuadas para llegar a ser centros terapéuticos para la atención de la salud mental. Lograrlo requiere la participación de los expertos y recursos suficientes. Lo que sería inaceptable es que, como suele hacerlo este gobierno, simplemente se desaparezca lo que existe sin sustituirlo por nada mejor y, en consecuencia, se deje a muchos pacientes de alteraciones mentales a la intemperie, en el abandono.

Luis de la Barreda Solórzano

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