viernes, junio 14, 2024

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Las “corcholatas” sin su destapador

No hay manera de que quien sustituya a López Obrador, sea cual fuera la “corcholata”, pueda llenar los espacios de la manera en que lo hace el tabasqueño. El inquilino de Palacio Nacional ha tenido su tiempo y su espacio y no es repetible.

Presumimos que en Morena deben estar visualizando la elección del 2024 y cómo desarrollar la gobernabilidad del país a futuro siendo que ya no estará, o por lo menos eso asegura, quien a lo largo de estos años ha determinado en buena medida la agenda país, nuestras conversaciones, pasiones, emociones y en muchas ocasiones nuestros enconos.

No tiene sentido que quien sea el próximo presidente o presidenta de México, en caso de que Morena triunfe en las elecciones, haga lo mismo que López Obrador. La observación no es tan obvia, porque por lo menos dos de las “corcholatas” viven haciendo algo así como un juramento de vida y lealtad a quien es hoy el Presidente.

En las últimas semanas el canciller-candidato también le ha entrado a este proceso. Sus declaraciones y sus tuits sobre el tema Estados Unidos están cargados de una continuidad del discurso de López Obrador más que por una mirada diplomática que tanto urge a lo que está pasando; va quedando claro que precampañas son campañas y hay que quedar bien con ysq.

Lo importante hacia el futuro inmediato está en que gane quien gane tendrá que llevar al país antes que nada a un proceso de sosiego. Las razones más importantes están en el hecho de que existe una confrontación real producto de una forma de gobernabilidad.

No está en entredicho que una política pública como “primero los pobres” pase a segundo plano. Es cierto que a lo largo de años hemos estado confrontados por las abiertas diferencias sociales que existen en el país. Sin embargo, el desarrollo del sexenio lo ha evidenciado aún más, pero lo más delicado es que no se han encontrado, quizá tampoco se han buscado, salidas para enfrentar una situación adversa. Ha sido hasta ahora un sexenio en donde se ha optado por dividir, lo cual ha estado por encima de las posibilidades de cohesionarnos.

En el balance de las cosas se está presentando un elemento profundamente delicado para el Presidente: la política de “primero los pobres” no ha logrado despuntar ni revertirse como se prometió. En algunas áreas del país más bien la pobreza ha crecido, lo cual será un tema de primerísima importancia para quien resulte ganador en las elecciones del año que entra.

Si no se parte de una evaluación crítica sobre este asunto lo único que va a acabar pasando es que se van a recrudecer aún más las cosas sin descartar que siga creciendo la pobreza.

Por ahora ninguna “corcholata” va a plantear algo distinto de lo que ha venido haciendo el Presidente. Sin embargo, la falta de crítica hacia el actual gobierno de los futuros gobernantes se puede convertir en un problema que si a alguien le va a afectar es al país en su conjunto, tanto en lo económico como en los ánimos ciudadanos sin importar signos políticos.

Si algo necesita el país a partir del 2024 es revisar lo que se ha hecho, pero sobre todo, crear mejores condiciones de convivencia entre nosotros. El Presidente ha encontrado en las críticas, señalamientos y adjetivación hacia quien llama “adversarios” mecanismos para su gobernabilidad. En muchos casos le ha dado resultados, pero hay muchos otros momentos en que se han vuelto un lugar común y ha ido dejando de trascender. Las mañaneras terminan siendo el espectáculo de la agresión contra los adversarios, más que la posibilidad del debate, la información y la discusión de la gobernabilidad y las políticas públicas.

La clave para las “corcholatas” está en si son capaces de verse sin su destapador.

RESQUICIOS.

Al tiempo que el presidente de Argentina ingresaba en un hospital por problemas de salud, se informó que la inflación interanual alcanzó más de 100% por primera vez desde 1990, todo ello a 7 meses de la elección presidencial; los alimentos subieron 9.8%.
Javier Solórzano

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