Por Sergio Grosjean
A «un tiro de piedra» de cumplirse cuatro años desde que el fuego consumió parte de nuestra catedral del arte y cultura, los meridanos finalmente han despertado desencantados ante la inacción de un gobierno que ha dejado pasar el tiempo y al parecer sin mover una sola piedra del teatro José Peón Contreras, y al menos, los mortales es lo que logramos observar fuera de los discursos y espero equivocarme y alguna sorpresa nos estén preparando. Buena por supuesto je je.
Sin embargo, he comenzado a percibir un clamor que cobra fuerza en redes sociales, donde diversas voces se levantan para exigir su rescate y que se le devuelva la esplendorosa vida que tuvo por décadas.
Desde mi más profunda devoción por la crónica, he leído cientos de comentarios, pero hay uno que disecciona la realidad con una precisión quirúrgica que cae de lleno en la llaga y expone una verdad que podría incomodarte a las autoridades, misma que plasmo sin agregar o quitar una sola coma:
«Los que tenemos edad y memoria recordamos que una de las razones que esgrimió el gobierno del estado para expropiar el teatro Peón Contreras fue el supuesto abandono en el que lo tenían sus propietarios. Ahora propongo que le quitemos al inepto gobierno el inmueble por la misma causa. ABANDONO CRIMINAL POR IGNORANCIA, y lo pongamos en manos de una organización privada que bien podría ser el Patronato de la OSY, o el museo del MACAY, o algo similar a la que se le dotaría de fondos para su conservación/operación y se le vigilaría por la sociedad. Es una propuesta.»
Esta excelente propuesta se deriva de una de un hecho que nos obliga a desnudar parte de su historia, ya que el teatro fue expropiado a particulares debido a que en en la década de los 70, se caía a pedazos por falta de mantenimiento, hasta que en 1979, el entonces gobernador Francisco Luna Kan lo expropia, porque se decía que lo querían demoler para hacer un hotel, y todo ello en medio de controversias.
Finalmente luego de darle la estocada final, es remodelado y reinaugurado el 13 de diciembre de 1981 y ya en manos del gobierno del estado.
Sin embargo, hay un dato muy importante que casi todos los historiadores han omitido por alguna extraña razón: el teatro estuvo rentado a la Operadora de Teatros, S. A. –compañía del gobierno federal que dirigía Rodolfo Echeverría, hermano del entonces presidente–, que primero lo utilizó como teatro y luego como cine sin darle el mínimo mantenimiento, hasta convertirlo en un muladar.
Durante ese período el teatro fue víctima incluso de robos y vandalismo, hasta que cerró definitivamente, y fue abandonado por completo durante algunos años, convirtiéndose vergonzosamente en una letrina habitada por ratas, murciélagos y cucarachas.
La familia propietaria inició un juicio de desalojo al ver la grave situación, hasta finalmente ganar y obtener la fuerza pública luego de varios años. Al ser recuperado el edificio este ya no tenía ni las butacas pues se las robaron, y aún así, a los pocos meses se les expropió con el argumento como citamos previamente.
Para mantener a todos al tanto, hemos integrado ambas versiones, analícenlas y háganos saber su opinión respecto a la propuesta mencionada líneas arriba, o si tienen alguna sugerencia adicional, y si desean profundizar en la historia de este teatro y conocer los antecedentes que hubo desde el siglo XIX, podrán encontrarla aquí mismo en una publicación de hace nueve meses, o bien, en mi recién presentado libro.“La Mérida que se nos fue”.
Esta imagen fue la última que pude ver del teatro hace casi cuatro años, cuando de manera irresponsable en la administración anterior no se le dió el manteniento adecuado, se quemó, y no se hizo tampoco algo por rescatarlo.
Finalmente, en este enlace puede firmar la petición si deseas que sea remodelado.
P.D. Según me hicieron saber, parece que ya iniciaron algunos trabajos luego de 4 años, y les comparto la imagen en los comentarios. Pero no hay que quitar el dedo del renglón y esperamos que el gobierno socialice los avances.



