miércoles, mayo 29, 2024

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Telecomunicaciones móviles: una experiencia personal

Como todos los de mi generación, recuerdo con claridad el día que compré mi primer teléfono celular. Era 1991 y mi operador Iusacell. No recuerdo si Telcel ya estaba en el mercado o a punto de estarlo. Para darle algo de ventaja a Iusacell, el gobierno obligó a que Telcel (en aquel entonces subsidiaria de Telmex) empezara operaciones un año después de Iusacell.

Fue asombroso para mí poder hacer una llamada de larga distancia y reportarme con un colega en Nueva York mientras circulaba por el Periférico. La calidad de las llamadas era magnífica. Tuve Iusacell un par de años hasta que la oferta de equipos más pequeños y prácticos por parte de Telcel me convenció para cambiar de operador. En aquella época no existía la portabilidad del número telefónico, así es que cada cambio de operador tenía el grave inconveniente de que algunos contactos, a los que no hubieras avisado sobre el cambio de número, simplemente perdían la posibilidad de comunicarse contigo.

Algunos años después entraron al mercado otras empresas, como Telefónica, Nextel o Unefon. La calidad de Iusacell y Telcel seguía siendo buena; y conforme desarrollaban sus redes, Telefónica, Nextel y Unefon ofrecían competencia en varias ciudades. La calidad era buena porque el servicio celular seguía siendo un lujo. Había que pagar tanto por las llamadas que uno hacía como por las que recibía. Para 1996, Telcel ya había superado por mucho el número de usuarios que tenía Iusacell. Parte de este crecimiento exponencial se puede explicar por el uso que Telcel hacía de la infraestructura de Telmex (vedada para otros operadores), pero la oferta de mejores equipos en mejores condiciones también influyó.

En 1998, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) implementó la modalidad “El que llama paga”, con lo que el receptor de las llamadas ya no tendría que pagar por ellas. Esta decisión regulatoria, junto con la creación del sistema de prepago con tarjetas de recarga que se vendían hasta en los semáforos, dio lugar a una explosión en la contratación de servicios móviles. El rápido crecimiento en la base de usuarios trajo como consecuencia la saturación de las redes en algunas ciudades y una degradación en la calidad de los servicios. La imposibilidad de portar el número telefónico se convirtió en una verdadera barrera para la competencia.

Ante esta situación, en el 2008 la Cofetel implementó el sistema de portabilidad numérica como un derecho de los usuarios. Así, cambiar de compañía ya no implica tener que cambiar de número y perder contactos. Ante lo que yo percibía como calidad deficiente por parte de Telcel y después de quince años, decidí probar con la competencia y me cambié a Telefónica. Estuve con Telefónica cerca de cinco años y debo decir, con tristeza, que noté una paulatina pero constante degradación en la calidad del servicio. Después de la reforma en telecomunicaciones y la llegada de AT&T a México, volví a cambiar de operador.

Los primeros años el servicio de AT&T fue bueno, pero con la absorción de todos los clientes de Telefónica, que prácticamente se convirtió en un operador móvil virtual al verse obligado a devolver espectro dado lo exorbitado de su costo, noté una saturación de la red (por lo menos en la Ciudad de México) y una disminución sensible en la calidad de los servicios.

Así, después de recorrer prácticamente toda la competencia, hoy me encuentro de vuelta como cliente de Telcel. Aunque las medidas de preponderancia implementadas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones son correctas en el papel, la falta de indicadores técnicos y administrativos, condiciones no competitivas para el uso de la infraestructura del preponderante y la nula supervisión de la autoridad, mantienen un entorno regulatorio desfavorable para la competencia.

A pesar de ello, no debemos olvidar que los tecnicismos le son irrelevantes al usuario. Lo único que importa a la hora de elegir un operador es la cobertura, la calidad y el precio. Es importante contar con una regulación pro competencia, pero también lo es competir a pie de calle, en el mercado y frente al usuario.

Gerardo Soria

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