miércoles, mayo 29, 2024

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Turismo de fiesta y narcomenudeo: la raíz de la violencia que se vive en los balnearios del Caribe mexicano

Los episodios de violencia armada registrados en las últimas semanas en los balnearios del Caribe mexicano han tenido repercusión internacional y causado alerta.

Desde Estados Unidos hasta Alemania, varios gobiernos han advertido a sus ciudadanos sobre los riesgos que podrían correr al visitar las playas paradisiacas de Cancún, Isla Mujeres, Puerto Morelos, Tulum y otras gemas de la Riviera Maya, en el estado de Quintana Roo, en la península de Yucatán, sureste del país.

El último fue un tiroteo ocurrido en Puerto Morelos el pasado jueves y que dejó dos “narcomenudistas” (vendedores de droga) muertos en el club de playa de un hotel lleno de turistas extranjeros, informó la Fiscalía General estatal.

Ante ello, el gobierno estadounidense recomendó a sus nacionales “evitar las multitudes” y “estar atentos a los alrededores”, pero solo siguió pidiendo reconsiderar los planes de viajar al país por la pandemia de covid-19, no por el peligro de violencia.

También tuvo repercusión internacional un incidente similar registrado el pasado 21 de octubre en Tulum. Una balacera cerca de un restaurante dejó dos fallecidas: la bloguera de viajes india Anjali Ryot y una ciudadana alemana. Las autoridades detuvieron a ocho personas por el suceso que relacionaron, asimismo, con la venta de drogas.

Fue el último de una serie de sucesos de ese tipo. Un taxista y un guardia de seguridad fueron asesinados a balazos en esta ciudad en septiembre, mientras que otro hombre murió tras recibir un disparo en el cuello en agosto.

Las autoridades estatales atribuyen la violencia a la “extorsión [y] la venta de drogas a extranjeros y mexicanos”.

“En Tulum tenemos unos 10 grupos de narcotraficantes y aquí en Puerto Morelos hay dos grupos peleando entre ellos”, le dijo el pasado viernes el fiscal general de Quintana Roo, Óscar Montes de Oca, a la emisora Imagen Radio.

Y añadió que los 20 millones de turistas que visitan Quintana Roo cada año están impulsando una fuerte demanda de drogas que alimenta la violencia.

Es un fenómeno que los hoteleros locales observan con preocupación.

“Lógicamente este tipo de narcomenudeo existe porque hay quien la consume (la droga). Es parte también de la responsabilidad del visitante”, le dice Antonio Chávez, el presidente de la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya, a BBC Mundo.

Y como señala el analista en seguridad Víctor Sánchez, cuando hay turistas con alto poder adquisitivo, las bandas del narcotráfico buscan su tajada.

“Lo que hoy vivimos es la disputa de varias organizaciones criminales por el control de los mercados del narcomenudeo en Cancún y sus alrededores”, añade Sánchez.

El éxito que alimenta a todos

A pesar de sus aguas turquesas y playas de arena fina, hasta hace décadas recientes Cancún no era la atracción turística que es hoy.

Una zona pantanosa, infestada de mosquitos, y sin vías de acceso, era habitada por pescadores hasta la década de 1970, cuando el gobierno mexicano vio su potencial.

Fue cuando se empezó a invertir dinero público y privado para construir hoteles, parques turísticos e infraestructura de playa como en ningún otro lugar de México.

Toda la actividad económica de Quintana Roo se volcó al turismo, expandido a toda la costa del Caribe, a tal grado que actualmente 95% del estado depende de los ingresos generados por ese sector, explica Chávez.

Y al turismo de masas le siguieron los carteles, que desde hace unos 20 años se disputan el control de la venta de la droga.

“Algunas de las primeras organización que incursionaron en la zona fueron el Cartel del Golfo y el Cartel de Sinaloa. Pero a lo largo de los años, sobre todo en estos últimos 10, se han ido sumando nuevas organizaciones”, explica Sánchez.

Así, los Beltrán Leyva, Los Caballeros Templarios y en los últimos años el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) también buscan un pedazo del pastel económico, apunta el especialista en seguridad.

“En esta lucha por el control del mercado de la venta al menudeo de droga, quien han tratado de expandir territorios y acabar con la competencia parece ser el CJNG, pero hay al menos otras tres organizaciones que siguen teniendo presencia en la zona: el Cartel de Sinaloa, el Cartel del Golfo, en su vertiente de Los Ciclones, y la organización de los Beltrán Leyva”, señala Sánchez.

El destino de “fiesta”

El gran éxito de Cancún se expandió a los balnearios vecinos de Isla Mujeres, Puerto Morelos y la zona de la Riviera Maya, donde se ubican otras playas hermosas como la de Tulum.

David Ortiz, el líder de los hoteleros de Tulum, señala que el concepto que combinaba playas de descanso y el disfrute de la naturaleza ha perdido terreno frente al del destino de fiesta, con clubes con piscina y bares. Y los excesos que ha conllevado son evidentes, dice.

“Tenemos una oferta turística muy amplia. En el caso de Tulum, tenemos desde luego turismo de descanso, familiar, de bienestar, de quienes buscan cosas como el yoga”, le dice Ortiz a BBC Mundo,

“Pero también aquel que busca fiesta (…). Y mientras se impulse ese tipo de turismo, no debe de sorprender que prolifere el narcomenudeo”, advierte.

Antonio Chávez coincide: “Hay personas que buscan descanso familiar, (hacer turismo) cultural, gastronómico, y hay quien busca la fiesta, lógicamente, y ese tipo de segmento es el que tenemos detectado que entra en este tipo de juegos”.

Festivales de playa, hoteles con “todo incluido” y barra libre de bebidas alcohólicas, centros nocturnos y fiestas temáticas son algunas de las ofertas que atraen a los viajeros extranjeros, principalmente a los más jóvenes.

Aunque los vendedores de droga han evitado la violencia en las zonas turísticas para no ahuyentar a los visitantes, las disputas territoriales se han trasladado peligrosamente en los últimos años hacia las playas, apuntan los expertos.

Los narcos “cruzaron la línea”

Víctor Sánchez, analista especializado en los grupos del narcotráfico mexicano, explica que la premisa de las bandas criminales con respecto a zonas turísticas es la de “el control del mercado, pero sin dañar el mercado”.

La violencia de los carteles se limita a las áreas en las que vive la población local y pocas veces “cruzan la línea” de las zonas en las que se concentran los visitantes.

“Lo que tratan no es de controlar el destino con violencia, sino de limitar la violencia. Cuando esto no es posible y se desborda, termina habiendo una guerra muy abierta entre células criminales, y esto provoca que se ahuyente a los turistas”, explica.

Según datos del Inegi, la violencia letal en Quintana Roo tuvo un vertiginoso ascenso entre 2014 y 2018. La tasa de homicidios se sextuplicó en ese periodo. Pero en los dos años siguientes, el número de asesinatos disminuyó casi 25%.

 

etcetera.com.mx

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