Wilbert y Jhonny .El Comandante: «Gracias por todo, maestro, misión cumplida».

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Un jefe de información es una figura cercana a la del padre, en el sentido de que para los reporteros bajo su tutela debe ser ejemplo, guía, impulso y, sobre todo, un líder.
Por Wilbert Torre

Don Víctor fue mi primer jefe de información en un periódico, «Novedades de Yucatán», a finales de los años 80, y a mí, como a varias generaciones, nos formó a su manera. Era astuto, arrojado, regañón cuando debía serlo y paternal todo el tiempo; era íntegro y no se amilanaba ante nada ni ante nadie. Recuerdo su andar espigado y su paso de torero en la redacción, el tac tac tac de sus zapatos siempre relucientes, sus playeras entalladas y esa mirada de águila al revisar el periódico con los anteojos en la punta de la nariz, presto a descubrir los gazapos que habíamos cometido y jalarnos las orejas sin miramientos.

Lo que más recuerdo de don Víctor son las historias que nos contaba todo el tiempo, historias de sus andanzas en Estados Unidos y de su intensa vida de periodista en aquella Mérida íntima y apacible del siglo pasado. Hasta pronto, querido comandante. Como un día le dijo el maestrito Miguel Canto al gran Cholain Rivero, su manager: «Gracias por todo, maestro, misión cumplida».

¡Adiós Comandante!

Por Jhony Oliver Quintal

Tenía la sana costumbre de llegar temprano a la Redacción para leer, antes que otros, el periódico. Cuando comencé a ojear la edición del día, el teléfono negro comenzó a repiquetear., Vi el reloj, eran las siete de la mañana. Me levanté del sofá, llegué al escritorio del jefe y descolgué el auricular.
–¡Quién habla!, gritó una voz ronca del otro lado de la línea. Intuí que estaba colérico. Entonces, sin titubear, dije mi nombre en respuesta.
¡Contigo quería hablar!, respondió. Sin esperar mi respuesta inquirió con mucha formalidad. ¿Quién te pidió que hagas la nota contra la gasolinera San Juan o fue iniciativa tuya?
Antes de responder con mucha educación di los buenos días y pregunté con quien tenía el gusto de hablar.
–¡Soy Andrés García Lavín, dueño del periódico!, respondió.
Bueno, Usted sabe que los reporteros no se manejan solos, tienen un jefe de Información, respondí.
Pásame a Tenreiro, ordenó.
No ha llegado, dije.
–Cuando llegue le dices que me llame, pidió.
Antes de colgar me dijo que el edificio donde estaba yo parado (Novedades de Yucatán) era de su compadre y que lo que más le enojaba era que lo había despertado para quejarse de la nota exhibiendo las pestilentes aguas negras en la gasolinera San Juan.
–Y para rematar publican tremendas fotos… hasta de los baños. Dile a Tenreiro que me llame, pidió una vez más.
Cuando Tenreiro llegó le comenté lo que había sucedido.
–No compadre ¿dónde queda nuestro compromiso con el púbico? Fue una denuncia ciudadana que atendimos. Las fotos no mienten y exhiben la pestilencia en la gasolinera, escuché alegar.
No, eso que me pides es imposible, no puedo castigar ni al fotógrafo ni al reportero por una nota real, insistió, Y Colgó.
Me voy al café (Fausan), si surge algo me llamas, me indicó.
Cerca del medio día llegó la secretaria del Sr. García Lavín y convocó a una reunión. Minutos después llegó el director propietario. Platicó con nosotros.
Tenreiro defendió a su reportero como nunca había visto.
–A él se lo perdono, pero a ti, que sabes de quien es la gasolinera tres días de sanción, dijo sin miramientos.
Víctor Joaquín Tenreiro Ojeda fue un gran Comandante. Forjó a una gran camada de reporteras y reporteros a quienes nos inculcó los altos valores del periodismo.
Mi gratitud por siempre.
Descanse en paz.
Marzo de 2023

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