domingo, marzo 3, 2024

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Yucatán crece a un ritmo vertiginoso y a la vez peligroso

Por Sergio Grosjean 

Mi discurso durante el reconocimiento que honrosamente recibí en el club Libanés.

Me pregunto porqué estoy acá, pues no creo merecer un reconocimiento por advertir que la vida es efímera, y la aprovecho haciendo lo que me apasiona, y honrando a mi mamá, que decía que seré alumno de todo y maestro de nada.

Y tenía razón, porque además de disfrutar a la familia y de los amigos, invierto mi tiempo recorriendo la selva entre ponzoñosas garrapatas y bellas aves, en las entrañas de la tierra arrastrándome entre el guano de murciélagos o descendiendo a rapel a las aguas de los prístinos cenotes, revisando antiguos documentos y escribiendo libros, entrevistando curanderos o sabios veteranos que narran maravillosas historias que se difuminan por el tiempo al no escribirlas.

De igual forma, puedo estar horas en un piano perdido en el tiempo para luego pintar un cuadro y pensar que proyecto nuevo viene. Creo debería pagar más que recibir un reconocimiento, pues Dios me ha dado todo.

También, expreso lo que siento, aunque esto no me ayuda mucho a encontrar nuevos amigos, pero siempre aparece alguien que tampoco le teme al ruido que producen las amenazas, los chantajes, los ejércitos de bots e incluso un auto bomba.

Siento que estamos reunidos para exaltar la memoria de los nuestros, que dejaron sus sueños con la esperanza de regresar algún día a la tierra que los vio nacer: el Líbano. Sin embargo, otros sabían que no volverían a ver desde Joünié el sol envuelto en las aguas del mediterráneo, o el atardecer frente a los cultivos de olivo desde los valles rodean Zgharta, o disfrutar el aroma de los de cedros de Dios.

Creo que estamos reunidos no por simple casualidad, ya que todo es consecuencia de algo, y la invasión de los turcos al Líbano en el siglo XIX, es el parte agua de nuestra estancia en este recinto, ya que por ello nuestros ancestros se embarcaron desde puertos como Beirut y Tripoli, cuando decidieron cargar su ligero equipaje y pesados sentimientos de melancolía.

A su llegada, con una mano adelante y una atrás, trabajaron de sol a sol al igual que los fenicios a quienes imitaron comerciando diversos productos a todo lo largo y ancho de la península de Yucatán.

Así comienza la historia de nosotros los yucatecos que llevamos en nuestras venas sangre libanesa, y que recibimos una fantástica educación , y por ello, hemos tenido y tenemos grandes médicos, fabulosos maestros, apreciados científicos, notables ingenieros, destacados arquitectos, diseñadores de talla mundial y comerciantes que mueven nuestra economía.

También hay entre nosotros grandes humanistas que cualquier capital desearía tener como Jorge Auais y Abraham Razu que hacen valiosas obras por la juventud yucateca y su legado será eterno .

Doña Emilia Wabi una dama también a quien admirar, pues fue el motor de un importante dispensario de medicamentos para apoyar los pobres.

Yucatán crece a un ritmo vertiginoso y a la vez peligroso, y por consiguiente, pienso que debemos coadyuvar a las autoridades a tomar decisiones inteligentes en la búsqueda del Yucatán que todos soñamos, ya que en ocasiones, hacen y deshacen a su antojo, incluso cometiendo disparates como destruir un Olimpo o desmantelar centenarios y eficientes adoquines, o intentar construir un museo, dilapidar dinero y dejarlo a medias (intento de museo de Yaxcabá) mientras las filas en los hospitales públicos se extienden cuadras.

Disipar el dinero instalando impropios maceteros en las calles fue algo raro, calles donde niños desamparados y ancianos desvalidos arriesgan la vida por un trozo de pan, a tiempo que otros recursos, se esfuman pintando calles verdes aderezadas con miles de belicosas boyas amarillas que brillan más que los árboles que no han sido presa del ecocidio, y que se anexan a comercios fuera de lugar en zonas habitacionales donde también cimentan edificios sin respetar la intimidad del vecindario.

Pero esto es como un juego de chacara si lo comparamos con lo que posiblemente nos espera, en caso de continuar con esta política publicitaria que atrae a especuladores de todo el mundo que arrasan con selvas y engañan incautos con lotes que nunca podrán ocupar incluyendo muchos dentro de las aguas de nuestro vivero natural como lo es la ciénega.

Esta fórmula también atrae empresas que extraen agua limpia y desechan agua sucia comprometiendo nuestras reservas, y la llegada de tanta gente y negocios en tiempo record, ya nos trae consecuencias como embotellamientos cotidianos que generan conductores neuróticos y agresivos, cortes de energía eléctrica y agua, exorbitantes precios en las rentas o el costo de la tierra que se salió de toda lógica, y lo peor, es que esto se da sin incrementar los servicios al mismo ritmo.

No estamos en contra del crecimiento, todo lo contrario, estamos a favor pero con orden.

Finalmente, hoy, al regresar a nuestras casas y sentarnos en la comodidad de nuestro sofá, podemos honrar la memoria de estas mujeres y hombres que tuvieron el valor de atravesar los continentes esperando encontrar la paz que nos heredaron, y creo que honrarlos es también luchar por ese sueño que brilla en el nombre de Yucatán donde nuestra calidad de vida se difumina día a día y se perderá si solo nos sentamos en el sofá a ver como el tiempo pasa y no actuamos,

Los cambios NO son imposibles pero tampoco son fáciles, y no debemos pensar que no podemos cambiar las cosas si no las intentamos, actuemos, como lo hicieron ellos, y si lo hacemos, estoy seguro que nuestros hijos vivirán mejor, y las siguientes generaciones tendrán un mundo mucho mejor que el que tenemos. Sergio Grosjean Abimerhi 26/11/23

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