jueves, febrero 22, 2024

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Desde las sombras

Autor: Pablo Majluf

El presidente desapareció varios días sin dar prueba de vida, propiciando un ambiente de confusión y bisbiseo típico de régimen autocrático en el que nadie sabe nada, no hay fuentes fidedignas –particularmente las oficiales–, y todo mundo depende del trascendido periodístico de baja estofa.

La especulación morbosa no es culpa de los medios. Las conjeturas en dicha atmósfera son inevitables, tanto más cuanto que el régimen ya nos había mentido la última vez que el presidente desapareció así, diciéndonos que estaba en una revisión de rutina cuando mucho tiempo después nos enteramos por Guacamaya Leaks que en realidad estaba internado de urgencia en el Hospital Militar por angina de pecho.

Más allá de si este ambiente sovieticón es por diseño o ineptitud, revela que todo el poder reside en una persona. Estos días en las sombras evidenciaron que, mientras la desaparición del líder no sea total, el régimen y su vocación destructiva sigue su curso por inercia, operando bastante bien aun con el presidente en cama.

Mientras el presidente mantenía a la opinión pública en el chisme de cantina, su aplanadora legislativa lanzó un blitz en la Cámara de Diputados, saltándose cualquier norma parlamentaria mínimamente democrática –sin revisión de dictamen, sin discusiones técnicas, sin parlamento abierto, sin siquiera lectura previa– para destruir un poquito más: terminaron de poner al Conacyt al servicio del politburó; militarizaron los ingresos turísticos y el espacio aéreo; y centralizaron todas las compras del gobierno en la Función Pública, siguiendo exactamente el mismo camino que destruyó al sistema de distribución de medicinas.

Lo que resultó muy evidente en este período de ausencia es que es enteramente viable un Maximato. El régimen sólo necesita mantener su mayoría absoluta –la mitad más uno– en el Congreso para que, desde su rancho, ya mucho más relajado, López Obrador despache frenesíes de leyes secundarias como el que atestiguamos estos días de convalecencia, mientras mantiene a su corcholata en el Ejecutivo a raya con la revocación de mandato a medio camino.

Por ello es absolutamente crucial –y es la gran lección de este período en las sombras– que la oposición arrebate el Congreso en las próximas elecciones a como dé lugar. Si la oposición ha de concentrarse en algo, es en asegurar que el régimen obradorista no tenga la mayoría absoluta el sexenio venidero. No estoy sugiriendo que la oposición olvide la presidencia; por el contrario: si la gana, por definición se evitaría el Maximato. Sin embargo, si la oposición pierde la presidencia y no arrebata las mayorías en el Congreso, seguirá imparable la destrucción a las órdenes del Licenciado.

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