jueves, febrero 22, 2024

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El odio a los migrantes como bandera electoral

A punto de dar inicio las elecciones primarias en Estados Unidos, Donald Trump exhibe como nunca los aspectos más deleznables de su facha. Nunca se ha distinguido ni por su empatía ni por su calidad humana, pero cada día se esfuerza en empeorar sus propios registros. En un reciente mitin en Nueva Hampshire declaró sobre los migrantes: “Están envenenando la sangre de nuestro país. Eso es lo que han hecho. Llegan a raudales de África, de Asia, de todo el mundo”. No es la primera vez que el expresidente utiliza la frase “envenenar la sangre” al hablar de inmigrantes, se trata de una expresión utilizada por Hitler en su libro “Mi Lucha”. Trump usará, y de manera aún más insidiosa, el discurso de odio al migrante en esta campaña electoral y tratará de hacer su tema principal porque actualmente Estados Unidos enfrenta una nueva crisis migratoria, la cual se agrava cotidianamente y representa  uno de los desafíos internos más arduos y de mayor complejidad para Biden, quien llegó a la Casa Blanca con la promesa de revertir las políticas de su antecesor y articular un sistema “justo y humano”, pero estos nobles planes solo han conocido el fracaso.

Se mantiene una avalancha de migrantes en la frontera Sur del país, “alentada”, según dicen algunos críticos, por un sistema migratorio obsoleto e ineficiente incapaz de manejar esquemas modernos. Los republicanos han aprovechado a su favor el tema. Varios gobernadores han presentado demandas contra el gobierno y han enviado autobuses llenos de migrantes a ciudades lideradas por demócratas. Es una vil utilización de migrantes como “arma arrojadiza”. En Washington, los republicanos en el Congreso han condicionado el paquete de ayuda exterior del presidente (el cual incluye fondos para Ucrania e Israel) a cambio de robustecer radicalmente la política fronteriza. Por otra parte, algunos estados y ciudades gobernados por demócratas presionan al gobierno federal para obtener mayores apoyos para atender la ola migrante y, al mismo tiempo, limitar el flujo de solicitantes de asilo. Pero no solo pasa en Estados Unidos. La creciente preocupación de los votantes por la migración es una amenaza para los partidos gobernantes en países como Alemania, Canadá, el Reino Unido, Italia, Francia, España, Grecia y un largo etcétera. El tema migratorio es el favorito de los populista porque facilita la utilización del discurso de odio y blandir una serie de soluciones rápidas y populares para atender un drama tan complejo, el cual demanda para su efectiva resolución de reflexiones a largo plazo y de repercusiones globales.

En los Países Bajos, los pragmáticos centristas neerlandeses perdieron ante el radical antiinmigrante Geert Wilders. ¿Quién será el próximo? En el Reino Unido habrá elecciones en 2024 y el primer ministro Rishi Sunak (hijo de inmigrantes) padece la presión de los sectores más intransigentes de su propio Partido Conservador, los cuales temen una desbandada masiva de votantes descontentos por el fracaso del gobierno para controlar la inmigración. Hace siete años, los votantes respaldaron el Brexit porque los activistas euroescépticos prometieron “recuperar el control” de las fronteras del Reino Unido. Hoy el panorama es ahora más caótico que nunca. El Reino Unido está registrando cifras récord de inmigración y el gobierno solo ha logrado hasta ahora detener pequeñas embarcaciones llenas de solicitantes de asilo que cruzan el Canal de la Mancha y promover la muy impopular idea de deportar a los migrantes a Ruanda. En Francia, el gobierno de Macron logró la aprobación de una dura ley de inmigración gracias a los votos de la extrema derecha. Fue una ominosa derrota moral para el presidente, quien queda aún más debilitado frente a los tres años y medio que le quedan a su mandato. Incluso una cuarta parte de los diputados de los grupos favorables a Macron no votaron dicha ley o se abstuvieron y un ministro presentó su dimisión. Fue una indiscutible victoria ideológica para la extrema derecha porque es una prueba más de como los partidos tradicionales empiezan a aplicar sus programas. Ahora todos en Francia se preguntan: ¿Quién frenará a Marine Le Pen en las elecciones de 2027?

En Alemania se hace cada vez más patente la incapacidad el gobierno de Scholz de limitar el número de refugiados. Incluso la ola sigue creciendo pese a que se han reforzado los controles fronterizos de forma sin precedente, lo cual ha sido explotado por el partido antiinmigrante Alternativa para Alemania, el cual registra un apoyo récord en las encuestas nacionales. En Canadá, la actitud tradicionalmente benevolente con la migración se está enfriando a causa, sobre todo, de una aguda crisis de vivienda. La situación ha alimentado la antipatía hacia Trudeau. Y hace algunos días el Consejo Europeo aprobó endurecer las condiciones de acceso y facilitar la deportación de los inmigrantes sin papeles. De esta manera, y a meses de celebrarse las elecciones plurinacionales para renovar al Parlamento Europeo (donde la extrema derecha espera obtener ingentes ganancias), la UE también se pliega a las exigencias de los populistas que claman contra la llegada de inmigrantes porque, a su juicio, este fenómeno “amenaza la identidad de Europa”.

¡Ah!, pero por otra parte quien corrobora constantemente el embuste de las soluciones fáciles es la primera ministra italiana Giorgia Meloni, quien hizo campaña con una plataforma explícitamente antiinmigracionista pero ya en el gobierno se ha visto obligada a conceder visados a cientos de miles de migrantes legales para cubrir la escasez de mano de obra. Y ese es el quid de la cuestión: los migrantes son una necesidad, de hecho, la única una solución viable en la actualidad para el envejecimiento de la población y la desaceleración de la economía en las sociedades desarrolladas. Lejos de verse reducidos, los desembarques de embarcaciones en Italia han aumentado alrededor de un 50 por ciento el último año. Meloni ha intentado otras opciones, incluido un acuerdo con Túnez para ayudar a detener el tráfico de migrantes, pero los planes se han derrumbado antes de comenzar.  Ahora Meloni está en un aprieto porque el tema de la migración la ha llevado a entrar en conflicto con Francia y Alemania mientras intenta crear una reputación de conservadora moderada, y en lo interno su socio de coalición, Matteo Salvini, partidario de la línea radical en materia de migración, pronto podría encabezar críticas al gobierno al grado de romper con él. ¡Hasta la ultraderecha tiene problemas con la ultraderecha! Por algo será.

PEDRO ARTURO AGUIRRE

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