Listas negras y doble rasero

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En 2020 publiqué el libro Amlo en la balanza (Grijalbo), en el que hice un esquema de cómo sería este gobierno a partir de sus primeros meses. Toqué el tema del purismo ideológico y el maniqueísmo discursivo del nuevo presidente (Cap XIX, La hoguera de Savonarola). Reproduzco algunos párrafos: “En López Obrador prevalece el idealismo político, la idea de que ‘los seres humanos no son malos por naturaleza; son las circunstancias las que llevan a algunos a tomar el camino de las conductas antisociales’ (18/II/19) De ahí su convicción de que su gobierno podrá realizar una revolución de las conciencias, una república amorosa, donde los mexicanos se volverán honestos, solidarios, fraternales: ‘Por eso, no vemos otra salida que no sea la de renovar, de manera tajante, la vida pública de México; y ello implica, sobre todo, impulsar una nueva corriente de pensamiento sustentada en los valores de la dignidad, la honestidad y el amor a nuestros semejantes’ (2018, La salida, 2016)”.

“Podría ésta ser también la definición de un buen cristiano, tal como lo define el propio presidente: ‘¿Qué es en esencia el cristianismo? Es el amor, la fraternidad’ (26/VI/12) No habría pues diferencia básica entre ser cristiano o ser de izquierda: ‘La verdad es revolucionaria [y] cristiana; la mentira es reaccionaria, es del demonio’. (24/V/17) De tal idea también se desprende el tono bíblico y de predicador que frecuentemente adopta en sus discursos… El optimismo de López Obrador sobre la transformación moral — uno de los principales objetivos de la Cuarta Transformación — lo lleva incluso a pensar que, en poco tiempo, ‘no habrá necesidad de cárceles’ (18/II/19) Tal como pensaban los anarquistas”.

Pero todo ello implica, como en el caso de Savonarola, un juicio severo a quienes no se alinean a ese proyecto: “López Obrador amenazó con condenar públicamente a los legisladores que voten en contra de sus proyectos, así estén cumpliendo su labor en libertad de conciencia o a partir de la plataforma de sus respectivos partidos: ‘Voy a decir estos votaron a favor, estos votaron en contra, así abiertamente […] Fuera máscaras’ (22/II/19)… (Y sobre la consulta a ex presidentes que desde entonces se planeaba, dijo) ‘Yo soy partidario de hacer un juicio al régimen neoliberal más que encarcelar a estos personajes’ (21/II/19). No se dejaría con ello un precedente eficaz para terminar con la impunidad y fortalecer el Estado de derecho, sino que se usaría la máxima tribuna pública para denostar personajes por su falta de moral, según el presidente, o peor aún, por su ideología económica. Una especie de inquisición moderna, una cacería moral de brujas por fuera de la ley, sin debido proceso ni algo que se le parezca”.

Y viene después el asunto de la doble vara: lo que era condenable en los adversarios, se justifica plenamente en los propios. Así, ante la falta de controles en las consultas informales sobre Texcoco y el Tren Maya, respondió Amlo que Morena no los necesitaba, pues no era un partido tramposo. Escribió al respecto Jan Werner: ‘Claramente, la percepción entre los simpatizantes de los populistas es que la corrupción y el amiguismo no son problemas genuinos siempre y cuando parezcan medidas emprendidas por el bien de ‘nosotros’ Y agrega: “Los populistas terminarán haciendo lo mismo que el ‘viejo sistema’ o las ‘élites inmorales corruptas’ supuestamente han hecho siempre, sólo que, como era de esperarse, lo harán sin culpa y con una justificación supuestamente democrática’ (¿Qué es el populismo? 2017)”. Buena parte de lo que Amlo acusa en la oposición, gobiernos anteriores y adversarios es real, pero mucho de lo que condena se aplica tal cual a él mismo y a su partido, aunque eso jamás lo reconocerán.

José Antonio Crespo
cres5501@hotmail.com
Investigador del CIDE

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